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THE CATHOLIC DIOCESE OF RICHMOND
– Necrology
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HISPANIC APOSTOLATE
Para todo hay un tiempo: la nueva cara de la oficina del ministerio hispano
Por la Hna. Inma Cuesta, CMS
Para todo hay un tiempo. La comunidad hispana en la diócesis de Richmond ha estado caminando y madurando su ser Iglesia en el contexto estadunidense. Al frente de ella ha habido buenos líderes que gracias a su profesionalidad y experiencia han ayudado a la comunidad a caminar y a madurar. Por ello, un gracias por toda la labor y servicio en ser parte de la historia de este pueblo hispano en nuestra diócesis.
La reestructuración de la oficina del ministerio hispano tiene como meta la integración de las comunidades, hispanas y anglo, en esta nueva realidad multicultural de la iglesia diocesana de Richmond. Su misión es la de apoyar a la comunidad hispana a través de la integración de programas y nuevas iniciativas bajo la metodología “Walking by Faith” — Caminando por la Fe. De esta manera, se desarrollará programas para entender mejor el evangelio (Palabra), renovar nuestra apreciación acerca de los sacramentos y de las devociones populares del pueblo hispano (Culto), reforzar mayor santidad en los matrimonios y familias (Comunidad) y, activar la participación en las parroquias y escuelas católicas (Servicio).
La oficina del ministerio hispano abarcará tres áreas: servicios pastorales (asistir a los párrocos en el ministerio pastoral), formación cristiana (proporcionar oportunidades para adquirir un mayor conocimiento de las enseñanzas de la Iglesia y promover el rol del laico en la ministerialidad eclesial) y el programa de Segura Iniciativa para Niños (promover y ayudar a las familias hispanas a matricular a sus hijos en las escuelas católicas y ayudar a las familias de primera ge-neración a integrarse en la sociedad estadunidense).
El diagrama de la oficina viene configurado, por el momento, de la siguiente ma-nera: un director, la Hna. Inma Cuesta, CMS; una coordinadora regional, la Sra. Claudia Trzanadel y una asistente administrativa, Dylan Priddy, los cuales trabajaran con los párrocos y, mano a mano, con los coordinadores parroquiales de la comunidad hispana para apoyar y asistir las necesidades presentadas por la comunidad.
Con la esperanza de que para todo hay un tiempo, esta oficina inicia un nuevo caminar en la historia de la comunidad hispana de la diócesis de Richmond donde el Reino de Dios se encarna día a día.

¿Por qué debo inscribirme en la parroquia?
por el Pbro. Wayne Ball
En realidad, desde un punto de vista puramente legal, nadie tendría que inscribirse. La mayoría de las parroquias son parroquias territoriales y uno pertenece a la parroquia en la cual vive. La inscripción es una invención ame-ricana radicada en que siempre hemos sido una iglesia inmigrante.
La biblia tiene muchas imágenes para la iglesia: el rebaño del buen pastor, el cuerpo de Cristo, etc. Desde el principio los católicos americanos eran inmigrantes que tenían que dejar su país, su pueblo, y sobre todo su familia. Por eso la imagen central para la iglesia americana era la iglesia como familia. Dios es “Padre nuestro”, María nuestra madre, la iglesia parroquial nuestro hogar, la casa donde nos reunimos con nuestros hermanos, no es solamente el lugar para recibir los sacramentos sino es el centro de toda actividad de la nueva familia. En la iglesia americana el inmigrante podía y aún puede llegar a este país sin nada y por medio del sencillo hecho de la inscripción vincularse a una parroquia particular y así adquirir una familia. En la familia parroquial se encuentra apoyo, amor fraterno, y también las responsabilidades que los miembros de una familia se tienen uno al otro.
Hoy en día, en nuestra diócesis uno puede elegir su parroquia y no necesariamente tiene que pertenecer a la parroquia donde uno vive. Uno puede, por ejemplo, buscar una parroquia donde celebren la misa en español. Sin embargo en la cultura americana es importante que uno se vincule con la parroquia a la cual asiste. Aunque el formulario para inscripción (Parish Registration Form) pueda parecer algo raro y frío, en realidad es una invitación a ser miembro de la familia parroquial, a ser hermanos y hermanas en Cristo.
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