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THE CATHOLIC DIOCESE OF RICHMOND
– Necrology
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HISPANIC APOSTOLATE
La religiosidad popular un modo de evangelización
Por la Hna. Inma Cuesta, CMS
Una de las inquietudes de la comunidad hispana en los EEUU es cómo preservar la religiosidad del pueblo en medio de esta nueva realidad. No es suficiente pedirle al hispano que participe a la misa dominical, la fe del hispano viene expresada a través de sus fiestas y devociones populares dando así un tinte espiritual a su ser católico en la Iglesia universal.
La religiosidad popular es la aportación que el pueblo da a la Iglesia para manifestar su fe y creencias en el Dios de Jesús. “Es parte de su cultura: un modo de expresar su pensar, sus vivencias más profundas, su comunitariedad, sus tradiciones, su fe y su confianza en Dios. Así ellos acuden a Dios y le manifiestan sus sentimientos y deseos, ya sea personalmente o en comunidad, pero casi siempre de un modo integral.” (J.L. Caravia, S.J).
El fenómeno migratorio viene impregnado de este profundo sentido de Dios, de Jesús encarnado, de un modo muy peculiar y a veces no entendido. Esta expresión de la religión no disminuye el ser católico del pueblo latino, con el cual viene expresado el profundo respeto y el modo de vivir su fe católica, sino que la refuerza para enriquecer la espiritualidad del católico en esta Iglesia estadounidense. La religiosidad po-pular es parte intrínseca de la cultura del pueblo latino y un modo de inculturizar el evangelio para ser signo palpable del credo que profesan en Jesús y en Maria, la Madre de Dios.
Este hecho hace que el latino aprecie y valore su propia cultura para encontrar su propia identidad como católico y latino en tierras extranjeras. No es un simple fenómeno folclórico o antropológico, sino un modo de evangelización.
Por lo tanto, la religiosidad popular y devocional son oportunidades que los lideres eclesiales tienen para que los feligreses latinos ó no, se reencuentren con su ser religioso y discípulo del evangelio. Aprovechen estas fiestas, la celebración de la Virgen de Guadalupe, las posadas y los Reyes Magos para evangelizar.

“Nuestra Señora de Quadalupe”
Por el Sr. Obispo
Joseph J. Madera, M.Sp.S.
Con inmensa alegría celebramos a nuestra Madre Santísima de Guadalupe, el Gran Regalo que Dios a nuestras tierras. Ella dijo: que viene a quitarnos el mal y a darnos al Supremo Bien consolarnos, “…a todos vosotros juntos los moradores de estas tierras” así se lo dijo a Juan Diego, el más pequeño de sus hijitos.
Quiero compartir con us-tedes una hermosísima información que se descubrió acerca de Juan Diego (San Juan Diego), al ahondarse en un estudio más profundo de su figura, con ocasión de su canonización.
Hay un mural del tiempo inmediato posterior a las apariciones de la Santísima Virgen en el cual aparece Juan Diego. Se ve en esa figura que Juan Diego lle-vaba, sobre su hombro derecho, el nudo de su manto. La posición del nudo del manto manifestaba a qué rango social pertenecía el individuo. A los esclavos no se les permitía usar manto. Los ciudadanos ordinarios que tenían todos los derechos de ciudadano, tales como: el tener voto y derecho a tener propiedades, colocaban el nudo sobre el hombro izquierdo. Mas, los miembros de la familia real y terratenientes, portaban el nudo sobre el hombro derecho. Nuestra mente y nuestro corazón se centraron en la Santísima Virgen y no nos preocupamos por adentrarnos un poco más en Juan Diego. Este estudio descubrió más a fondo quien era Juan Diego.
En verdad, la Santísima Virgen encontró en Juan Diego a la persona apropiada que ella necesitaba para el cumplimiento de sus planes de Madre amorosa y misionera. Un hombre inclinado a lo espiritual, humilde, sencillo, fuerte, tenaz, transparente y reconocido como hombre de bien. Así, en verdad, lo era Juan Diego.
Descubrieron que su abuelo era el rey Netzahualcoyotl, Su papá era Netzahualpilli (príncipe de Tezcoco), el cual era hermano del rey Moctezuma Segundo y de la princesa Papatzin.
Dios les reveló al rey Netzahuacoyotl y, después a la princesa Papatzin, que vendrían, de muy lejos, hombres altos y barbados, de parte del Dios Supremo. El rey le edificó un templo a ese Dios y ordenó que no se ofrecieran sacrificios humanos en ese templo. El mismo sueño lo tuvo la princesa Papatzin, en 1509 y el ángel que le habló le dijo que ella le anunciara a su hermano Moctezuma, que esos hombres le quitarían el reino en 1519. Así sucedió cuando Hernán Cortez lo destronó.
A Juan Diego lo casaron, cuando tenía tres años de edad, con dos princesas, para consolidar reinos, con Beatriz, de Cuautitlán, con la cual tuvo tres hijos y con María Lucía, hija de Juan Bernardino y primera dama del reino Tolpetlac, con la cual tuvo una hija. Al convertirse al catolicismo, tuvo que dejar una de ellas. Retuvo a María Lucía. A Beatriz, la casó con su medio hermano, Fernando y le dejó sus tierras El, sus dos esposas y sus hijos, su prima, la princesa Papatzin, su hermano gemelo, Pedro (Yoyotzin), su tío y suegro, Juan Bernardino y la esposa de éste, fueron los primeros bautizados en estas tierras, en 1524.
Juan Diego tenía 57 años de edad cuando se le apareció la Santísima Virgen. El resto de su vida (16 años) lo pasó cuidando a la Santa Imagen y entrenando a catequistas para los miles de convertidos. Usaba como catecismo, la explicación de los símbolos grabados en la santa imagen de la Virgen. El entendía plenamente esos símbolos.
La educación académica era obligatoria. Juan estudió en la academia militar. Fue a la guerra y recibió condecoraciones de sobresaliente. Después, su padre lo mandóa la guerra para hacer prisioneros y ofrecerlos como sacrificios humanos. El se opuso a eso y desertó del ejército. Su padre quiso matarlo. Fue destituido de todos sus bienes y él se refugió en el pequeño reino de su tío y suegro Juan Bernardino.
Cacamac, medio hermano de Juan Diego, en su ambición de ser rey, mató al papá de Juan Diego, que era el heredero natural del reino, pero fue Moctezuma el que a final de cuentas logró que lo declararan rey. Por movida política, Moctezuma les quitó a Fernando y a Beatriz su pequeño reino y se lo dio a Cacamac. Juan Diego se levantó en armas, de nuevo. Buscó y sujetó a Cacama. Lo entregó a las autoridades convenientes y lo fusilaron. Juan Diego recuperó el reino, se los devolvió a Fernando y a Beatriz. María Lucía murió en 1529 y Juan se dedicó a cuidar a su tío y suegro Juan Bernardino. La Santísima Virgen lo enlistó en el personal de su servicio exclusivo.
El PAPA Juan Pablo II lo declaró San Juan Diego.
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