| 17 de mayo de 2010 | Volumen 85, Número 15 | |||||||
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En particular me comprometo a: 1) visitar de nuevo tanto al clero como al laicado a nivel de formación que tiene cada parroquia e identificar qué se necesita para mejorarse; 2) ofrecer alternativas a las parroquias que se encuentran muy asiladas y sin la capacidad de identificar liderazgo que pueda comprometerse a participar en los procesos que existen; 3) incluir a los que están tomando estos cursos en este proceso de renovación. En cuanto al curso de 2010, se sigue aclarando lo que se espera de los que se graduarán. Al completar este curso, se propone que los participantes sean reconocidos como “Colaboradores Hispanos Parroquiales” por parte de la diócesis. Aunque el párroco tomará la decisión final en cuanto a cómo servirán, dichos colaboradores tendrán la capacidad de facilitar diferentes programas en sus parroquias en conjunto con los coordinadores y sus párrocos, tales como: el colaborar con eventos parroquiales y en la planificación de la liturgia (puesto que tendrá la formación necesaria), animar y buscar a otros colaboradores y catequistas, y colaborar como puente entre el párroco, el coordinador hispano, y la comunidad parroquial. Se espera mucho de los que completarán este curso. Por eso han sido invitados. Para la esperada Escuela de Ministerios de 2011-2012, se concentrará en los cursos de formación que no han sido tomados por los graduados del “SEPI,” con el fin de darnos la oportunidad de crecer juntos como líderes nuevos y los que ya han sido establecidos. Los cursos serán de un fin de semana dos veces al año (en mayo y octubre), con conferencias abiertas a todos durante los sábados por las mañanas. Dichas conferencias serán transmitidas a través del “ooVoo” en varias regiones de la diócesis. Habrá dos cursos adicionales durante el año (en febrero y noviembre), los cuales serán de un sábado y cubrirán temas para nuevos líderes, ministros litúrgicos, y catequistas. Ya se están invitando a la facultad que darán estos cursos. La Escuela será abierta a los líderes y líderes en potencia que demuestran compromiso y espíritu de colaboración. Se propone que los graduados sean reconocidos por la diócesis como “Lideres Eclesiales Laicos” y se espera que trabajen estrechamente con los párrocos y coordinadores establecidos para colaborar, formar, y evangelizar en nuestras parroquias. Esta visión será revisada por el clero en septiembre, ya que habrá habido más tiempo para analizar esta propuesta. Les seguiré informando al respecto en los siguientes artículos. Se les invita siempre a buscar información adicional en nuestro sitio de web en sus dos idiomas: www.richmonddiocese.org/oha. Sigamos adelante con confianza. Esto es lo que nos pide Jesucristo, y nos promete que con la ayuda del Espíritu Santo “serán mis testigos hasta los confines de la tierra (Hechos de los Apósteles 1, 7).” Con la esperanza de verlos en nuestra Misa del 19 de junio en la parroquia de Santa María en Richmond, me despido deseándoles a Uds. y a los suyos que se encuentren llenos de paz y fortaleza durante esta Solemnidad de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo.
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