| 14 de enero de 2008 | Volumen 83, Número 6 | |
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Dejados atrás: En medio del debate de inmigración, los niños quedan con frecuencia olvidados
LIMA, Perú (CNS) — Hablando con sus vecinos en una pequeña población de Ecuador, una mañana, Susana Nicoladi recordó a una amiga que había emigrado a España, mientras su esposo se quedaba en casa con los hijos. El esposo tuvo una aventura, dijo, “y perdió el respeto de los hijos”. Una de las vecinas trataba de educar a un sobrino rebelde, hijo de su hermana que trabajaba en labores domésticas en España. A tres mil millas de distancia, en Connecticut, una madre ecuatoriana, con 10 hijos, recordaba a su familia. Su hija más pequeña tenía dos años cuando la madre salió para Estados Unidos a trabajar de afanadora en un motel. “Ahora la niña tiene 8 años, y no me conoce”, dijo la mujer con tristeza. En medio del calor de los debates políticos sobre inmigración, muy fácilmente los niños quedan olvidados; sin embargo, ellos son, con más frecuencia, los más afectados por las largas separaciones que desbandan las familias. “Necesitamos prestar más atención a los niños que han quedado atrás”, dijo Mary DeLorey, consejera de asuntos tácticos de los Servicios Católicos de Auxilio, de la Agencia de Auxilio Internacional y Desarrollo de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Cada vez más y más, menores en Centroamérica reciben su educación de otras personas que no son sus padres, le dijo DeLorey a Catholic News Service. Los que se educan con miembros cercanos de la familia pierden el contacto directo con sus padres, dijo, y los que se quedan con vecinos van a parar quizá a la calle o en pandillas. Mientras tanto, la educación que se pasaba de padres a hijos en el pasado, ahora simplemente se pierde. En Ecuador, algunas organizaciones han empezado a reunir niños de padres emigrados (ausentes) para darles entrenamiento de actividades técnicas, tanto para llenar el vacío que en las comunidades ha quedado con la falta de personas con habilidades específicas, como para ayudar a esos jóvenes a que aprendan alguna ocupación que les produzca un salario. “Y no se trata solamente de que los emigrantes abandonen el país, sino que también las habilidades con que cuentan se van con ellos sin habérselas trasmitido a sus hijos”, dijo DeLorey. En tiempos pasados, algunos padres de familia, especialmente de países cercanos a la frontera con los Estados Unidos, regresaban periódicamente a la casa a visitar a sus hijos. Sin embargo, las redadas han hecho eso muy difícil, y más padres de familia hacen que sus hijos hagan el viaje a EEUU. El resultado es el aumento de menores de edad que hacen el viaje lleno de riesgos desde Centro o Sudamérica con traficantes, poniéndose en riesgo de robo, accidentes y violaciones. A algunos se les acaba el dinero en el camino y se les obliga a la prostitución. Otros, simplemente desaparecen sin dejar rastro. Debido a que los menores viajan con adultos, aunque no son familiares, las autoridades ignoran con frecuencia que en realidad viajan solos, dijo DeLorey. Los padres de familia a veces piden que les envíen a sus hijos muy pequeños para los EEUU, dijo DeLorey, y “ha habido casos notorios en que muchos niños juntos son transportados en camiones” hasta la frontera entre México y los Estados Unidos. A veces las familias tienen que pedir dinero prestado para pagarles a los traficantes. Si el menor es detenido por agentes de inmigración, “la familia incurre en una gran deuda”, y el menor mismo sufre un doble sentido de fracaso, por no haber pasado la frontera y porque su familia ahora está peor económicamente de lo que estaba antes, dijo. Algunos de los menores que viajan solos ya son ma-yorcitos que se han escapado o que buscan empleo, pero muchos son adolescentes más jóvenes, entre 13 o 14 años de edad, dijo DeLorey. Las organizaciones que trabajan con inmigrantes informan de tasas extremadamente altas de violencia sexual en contra de muchachitas en la ruta migratoria. Muchos menores que viajan solos son detenidos en la frontera o en el camino. Una delegación de los obispos de Estados Unidos que investigaba el problema de menores inmigrantes en el año 2006 se encontró que algunas instalaciones parecían como casas hogares adoptivos, mientras otras parecían más centros de detención juveniles. En su informe sobre menores inmigrantes y víctimas de tráfico, en octubre del año 2006, los obispos de Estados Unidos asentaron: “Sin tomar en cuenta las razones que tengan para emigrar, los menores extranjeros que viajan sin compañía de adultos se clasifican como altamente vulnerables y necesitan apoyo especializado y guía”.
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