El nuevo director de la Oficina para el Apostolado Hispano está acostumbrado a la diversidad
Traducción de la entrevista dada por Steve Neill, del periódico diocesano “The Catholic Virginian”
Erik Manuel Giblin, quien tomará las riendas de la oficina diocesana para el Apostolado Hispano, viene con experiencia que incluye trabajo con la comunidad latina, y con programas no lucrativos, en los cuales él pudo promover las enseñanzas sociales de la iglesia católica.
En su nueva posición, la cual empezará el 21 de julio, lo primero que quiere hacer es reunirse con las parroquias, la Comisión Hispana y con los directores de las otras oficinas diocesanas.
El trabajar con las distintas oficinas, el señor Giblin dice, que él estará buscando “hacer resaltar nuestros dones colectivamente.”
“Las enseñanzas de la iglesia son un buen compás, que nos ayuda a orientarnos como un solo cuerpo. Él explica, son muy claras en el reconocimiento de los talentos y contribuciones de la comunidad latina. Como iglesia estamos llamados a celebrar sus enseñanzas, porque ultimadamente ellas afirman nuestras vidas. Ellas proclaman nuestra dignidad como el Cuerpo de Cristo. Esto es fundamental en una sociedad que lucha cada vez más contra el miedo y la desesperación.”
El señor Giblin, recientemente era profesor de español en la escuela secundaria de Annandale, y antes, enseñó español a los estudiantes del séptimo grado en la escuela de Langston Hughes, en Reston. Él describe la escuela de Annandales, con sus 1200 estudiantes, como “una de las escuelas más diversas en el condado de Fairfax.” Igualmente, él dice que la escuela en Reston era multicultural y socio-económicamente diversa.
Educando es una de las maneras de tener un impacto directo con los estudiantes, sus padres y sus familiares, dice el señor Giblin. “En los dos últimos años, siento que realmente he vivido lo que la iglesia llama el espíritu del jubileo de mucha gente en la casa de Dios. Trabajando con colegas y estudiantes, colaboramos en proyectos específicos, los cuales sacaron a relucir sus mejores talentos.”
Nacido en Torrance, California, y criado en el condado de Orange, al este de los Angeles, el señor Giblin, de 36 años, indica que su nombre es algo inadecuado. Su difunto padre era irlandés-americano, nacido en Minnesota. Su madre, quien vive en el condado de Orange, es de El Salvador, del departamento de Ahuachapan. “Es un área rural muy conocida por su delicioso café.” Dice el señor Giblin del lugar de nacimiento de su mamá.
Su hermano menor, Stephen y él, fueron criados hablando los dos idiomas, inglés y español. Él asistió a la escuela de Santa Bárbara, en Santa Ana, una pa-rroquia que lo influenció a ser parte de un mundo multicultural. Santa Bárbara fue la parroquia con el primer restablecimiento para la comunidad vietnamita, a finales de los 70s. Dijo el señor Giblin. “Es una hermosa comunidad trilingüe y multicultural.”
Después de sacar su bachillerato, el fue a la universidad de Oberlin, en Ohio, y se graduó en 1994 con una especialización en español. Aunque ha vivido entre los hispanos y los anglos, él decidió que quería una experiencia diferente. Esto lo llevó a su primer trabajo de tiempo completo. “Escogí ir al Japón,” dijo el señor Giblin, añadiendo que estuvo enseñando inglés y español en una escuela pública de secundaria, durante el año académico de 1994–1995.
“Yo estuve en la parte más sureña del Japón, en una isla llamada Amukusa,” él dijo, explicando que en esta área fue donde primero tuvo lugar la evangelización cristiana en Japón. “Creciendo en la parroquia de Santa Bárbara, quise aprender más acerca de la cultura de los isleños del Asia Pacífica.”
Cuando él regresó a los EE.UU. después de un año en el Japón, él fue coordinador voluntario de AmeriCorp National Services of Catholic Charities, en el condado de Orange. En ese trabajo él diseñó el currículo de ciudadanía, y, dirigió en conjunto un centro de aprendizaje para después de la escuela, para los estudiantes de primaria; reclutando mentores y edificando liderazgo entre los padres.
El señor Giblin, fue director de la oficina de Justicia y Paz, y, director de la Comunidad de Acción Social, en la diócesis de Orange, desde 1998 al 2002. Él se involucró en trabajo de abogacía legislativa, y, representó al obispo como mediador en disputas laborales. Este esfuerzo dio como resultado un arreglo entre una compañía de reconocimiento nacional, de pagar un salario justo a los agricultores migratorios. Antes de ser profesor en el condado de Fairfax, el señor Giblin fue un funcionario de programas con el Robert F. Kennedy Center, de los derechos humanos en Washington. En esta posición, desde 2004 al 2006, él era responsable de desarrollar, coordinar e implementar, campañas y proyectos de derechos humanos en los EE.UU., Colombia, Guatemala y Vietnam.
“Yo he usado el español virtualmente en todos mis trabajos desde que salí de la universidad.” Él ha ayudado a organizar bilingüe informes del congreso, celebraciones conmemorativas, discursos y otros eventos enfocando la atención en los derechos humanos en Colombia, Liberia, Haití, Vietnam, y, lo que él considera la esclavitud moderna de los EE.UU. en la industria agrícola.
El señor Giblin y su esposa, Linda, actualmente viven en Annandale hasta que se radiquen en Richmond. “Tengo interés en establecer relaciones y tener una red de gente con el propósito de edificar una comunidad y fomentar el reino de Dios,” él dijo al Catholic Virginian.

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