| 10 de marzo de 2008 | Volumen 83, Número 10 | |
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El papa Benedicto encontrará ‘la Gran Manzana’ todavía como ciudad de inmigrantes
NEW YORK (CNS) — El Domingo del Super Tazón, la mayoría de los miembros de la Iglesia de la Transfiguración en la sección de Williamsburg de Brooklyn tuvieron una respuesta para el padre Tony Hernández, que les había preguntado en dónde estarían para el inicio del juego. Los Gigantes de Nueva York iban a jugar en contra de los Patriotas de Nueva Inglaterra unas horas después, y los feligreses de la Transfiguración, muchos de ellos originarios de Latinoamérica, no se iban a perder la oportunidad de asistir al gran juego de su país adoptivo. Cuando el papa Benedicto XVI llegue a Nueva York en abril, encontrará la ciudad, que del inglés le llaman “Gran Manzana”, poco cambiada con respecto a visitas papales anteriores, por lo menos en lo que respecta a ciudad que permanece todavía como ciudad de inmigrantes. Y lo mismo se aplica a otras partes de la zona metropolitana. La arquidiócesis de Nueva York, en cuya jurisdicción se incluyen los distritos de Manhattan, el Bronx y Staten Island, junto con siete condados extramuros, cuenta con 2,5 millones de católicos, de cuya cifra se calcula que un 23 por ciento son de origen extranjero. En ciertos vicariatos las cifras son más altas; por ejemplo, en el norte de Manhattan los católicos forman un 50 por ciento que son inmigrantes. En la diócesis de Brooklyn, que abarca Brooklyn y Queens, el 54 por ciento del 1,3 millón de católicos de la zona son nacidos en el extranjero. En total, el 37 por ciento de neoyorkinos han nacido fuera de los Estados Unidos. La cifra resulta ser no muy diferente de lo que era en el año 1910, cuando el 40 por ciento de la población era de origen extranjero, en gran parte por la fuerte inmigración en aquella época de personas provenientes de Irlanda, Italia, Rusia y Austro-hungría. De acuerdo con el histo-riador de la historia de la iglesia que trabaja en la Universidad de Fordham, monseñor Thomas Shelley, el primer pastor de la primera parroquia católica de San Pedro, en Nueva York, informaba en el año 1785 que para poder desarrollar un buen trabajo en el lugar se necesitaba tener uso fluido de seis lenguas: inglés, alemán, francés, español, portugués e irlandés. “Cuando la comunidad católica de Nueva York no tenía más de 200 personas, ya entonces estaba étnicamente diversificada”, dijo monseñor Shelley en una entrevista. Hoy en día, la ciudad de Nueva York está todavía más diversificada. En la diócesis de Brooklyn se ofician Misas en 24 lenguas diferentes y en 24 apostolados étnicos se atienden 18 grupos diferentes. En la arquidiócesis de Nueva York, los católicos pueden encontrar Misas que se celebran en 33 lenguas diferentes, respectivamente, en cualquier día de la semana. Como en muchas parroquias desparramadas en la ciudad, los feligreses de la Transfiguración hablan predominantemente el idioma español (el español se habla en un 26 por ciento de los hogares de las personas que asisten a Misa en la diócesis de Brooklyn); y la feligresía se compone casi exclusivamente de inmigrantes latinos y la primera generación de sus hijos. Su historia, también, es similar a la de otros inmigrantes, y refleja los cambios que ocurren conforme nuevas olas de inmigrantes reemplazan a las anteriores. La iglesia fue construida en el 1889 por alemanes e irlandeses cerveceros, quienes también financiaron los ventanales de Tiffany; y en la actualidad se encuentra en medio de la comunidad Satmar Hasidic de Brooklyn. Al cruzar Broadway, el vecindario es en su mayoría hispano. Después de la Segunda Guerra Mundial, población hebrea Hasidim y de Puerto Rico ocupó la zona, después de que los alemanes e irlandeses desalojaron. Sumándose a los puertorriqueños, en los pasados 20 años, han llegado dominicanos, mexicanos y centroamericanos. Cada grupo inmigrante tiene su día especial anual de celebración con una Misa; por ejemplo, los mexicanos celebran el día de Nuestra Señora de Guadalupe que cae el 12 de diciembre. “Es sumamente importante estar en un lugar en donde uno puede entender y ser entendido, en donde la cultura de uno no solamente se acepte sino que también se celebre”, dijo el padre Hernández. En la parroquia de la Transfiguración se ofrece ayuda de inmigración y asilo; especialmente con peticiones para la reunificación de las familias y ayuda en la transición a una vida diferente en Estados Unidos. “Con frecuencia hablamos de la inmigración en forma filosófica o legal; pero si uno tiene la oportunidad de conocer personalmente a los inmigrantes, se puede ver que es un asunto más profundo que una simple postura en una campaña política”, dijo el padre Hernández. “Nosotros nos hacemos cargo de la ansiedad bajo la cual viven. La iglesia necesita proteger a la gente que no se puede proteger a sí misma”, dijo. |