Jóvenes católicos mexicanos, estadounidenses encuentran unidad en retiro en la frontera
Por J. D. Long-García
Catholic News Service
NOGALES, México (CNS) — Los adolescentes y adultos jóvenes que bajaron en fila de los autobuses para la Misa a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México el 21 de octubre confrontaron el muro que separa los dos países. Mientras otros ven división, ellos veían unidad.
Los aproximadamente 100 jóvenes católicos, que se juntaron en Nogales para un retiro educativo del 19 al 21 de octubre en Casa Misericordia, vieron imágenes artísticas de esperanza y temor pintadas en la barrera de la frontera.
Un mural mostraba un inmigrante atrapado por un agente de la patrulla fronteriza mientras cruzaba ilegalmente la frontera. Alguien había escrito en español sobre la imagen: “Vive para ser libre. Muere para dejar de ser esclavo”. Otras imágenes metálicas, llamadas “milagros”, colgaban del muro: caricaturas de manos, coyotes, cráneos y símbolos del dólar.
Los adolescentes y adultos jóvenes de las diócesis de Phoenix y Tucson, Arizona, y de la Arquidiócesis de Hermosillo vieron las imágenes de un modo diferente después que pasaron tiempo juntos.
La experiencia del fin de semana, que emanó de una sociedad entre las tres diócesis y Catholic Relief Services, llamada “Diócesis sin fronteras”, ayudó a que católicos de Estados Unidos y México se conocieran.
“Usted podía sentir el entusiasmo. Usted podía notar que ellos querían estar allí”, dijo José Robles, director del ministerio hispano de la Diócesis de Phoenix. “Ellos mostraban mucho respeto los unos por los otros”.
Una etapa anterior del programa fue una serie de tres experiencias de inmersión con los jóvenes de cada diócesis.
Aunque muchos de los participantes eran bilingües, otros se comunicaban en inglés o español rudimentario.
Grupos de cada diócesis tomaron turnos para presentar un aspecto del complejo asunto de inmigración, desde causas hasta posibles soluciones. En otra sesión ellos vieron “Muriendo para vivir”, documental sobre porqué los inmigrantes salen de sus tierras nativas y las dificultades que sufren en su viaje. Otras actividades incluyeron discutir los valores tenidos comúnmente y en qué estos difieren.
El fin de semana abrió los ojos de Gerardo Ramos, adolescente de la parroquia San Felipe de Jesús, en Nogales, Arizona.
“Yo no sabía algunas de las cosas con las cuales los inmigrantes tienen que luchar para llegar aquí”, dijo él. “Muchos de ellos no llegan”.
Liz Vásquez, de Agua Prieta, México, describió el Centro Exodus de Atención al Migrante, centro en la iglesia Sagrada Familia, su parroquia hogar, que alimenta a aquellos que intentan o han intentado cruzar la frontera.
“Si usted lleva personas a centros como ese, ellas dejarán sus estereotipos”, ella dijo.
Drew Eppehimer, estu-diante en el colegio preparatorio Brophy, escuela católica de Phoenix, dijo que conocer a otros le ayudó a entender las diversas perspectivas.
“La gente en Estados Unidos está presta a criticar a la gente que está cruzando la frontera”, él dijo. “Pero de lo que ellos se darían cuenta es que si los roles fuesen invertidos, ellos estarían haciendo lo mismo”.
