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8 de octubre de 2007 | Volumen 82, Número 25

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En Latinoamérica y África, en seguimiento de un camino de justicia económica

LIMA, Perú (CNS) — Un país en desarrollo cayó profundamente en deuda en los años de la década del 1970, y fue obligado por los prestamistas internacionales a que se establecieran normas prácticas de mercado libre en la década del 1980. Sin embargo, el país continuo pidiendo préstamos para aliviar el peso de su deuda.

Hoy en día, la minería constituye una de sus principales actividades económicas, pero a pesar de que los minerales se cotizan con precios altos en el comercio internacional, mucha de la población vive en la pobreza.

Cuando el padre jesuita Peter Henriot presentó ese escenario ante trabajadores de acción pastoral en Lima, a finales de septiembre, no se refería a ningún país de Latinoamérica sino de África.

El padre Henriot, director del Centro Jesuita para Reflexión Teológica en Lusaka, Zambia, puede sacar lecciones aplicadas a Latinoamérica, aprovechando las experiencias en África; y él ve las enseñanzas sociales de la Iglesia Católica como el camino para alcanzar justicia social y económica en ambos continentes.

Los países que están en vías de desarrollo, que son ricos en recursos naturales, presentan “una triste paradoja de riqueza en medio de la pobreza”, dijo el padre Henriot. Y estableció comparaciones entre Zambia y Perú. En ambas naciones, la minería es una de las principales actividades económicas y, con los altos precios internacionales, es factible la perforación de pozos para petróleo y beneficiar metales en lugares en donde no habría sido posible hacerlo bajo costo efectivo hace 10 ó 15 años.

“El problema más agudo a resolverse tanto en África como Latinoamérica se puede expresar en la pregunta: ¿‘Cuál es la comprensión que te-nemos del desarrollo?’” dijo el padre Henriot.

A través de las enseñanzas sociales de la iglesia se ve el desarrollo como “mucho más que crecimiento económico”, dijo. Aunque la economía de Zambia aumenta en más del 5 por ciento al año, y la de Perú, en más de un 7 por ciento, “la cuestión central es qué le pasa a la gente, especialmente la gente pobre, no qué le pasa a la economía, especialmente la del rico”, dijo.

Incluso, antes de que las Naciones Unidas empezaran a medir el desarrollo con indicadores que evalúan el progreso en renglones tales como cuidado de la salud, educación y mortalidad materna e infantil, el papa Pablo VI y el papa Juan Pablo II habían escrito encíclicas en las que se redefinía el desarrollo en términos de calidad de vida, no simplemente crecimiento económico. Encíclicas tales como “Populorum Progressio” (Progreso de los Pueblos), cuyo 40º aniversario se celebra este año 2007, y “Sollicitudo Rei Socialis” (Cuidado de las Causas Sociales), publicada hace 20 años, estuvieron adelantadas a su tiempo en su énfasis a favor de los seres humanos sobre la economía en el debate del desarrollo, dijo.

“En Latinoamérica y en África, el problema a vencer ante este punto de vista ortodoxo del desarrollo ha sido extremadamente necesario y vitalmente importante”, dijo el padre Henriot.

Políticamente hablando, el problema a vencer es la traducción de las enseñanzas sociales a “una norma práctica aplicable a todos los días. Un acercamiento a la resolución del problema en el que se tenga como centro a la gente debe servir de fundamento a todo plan de desarrollo nacional e internacional”, dijo. Si la iglesia “predica la buena nueva de sus enseñanzas sociales a partir de su ejemplo de vida, entonces será, sin lugar a dudas, digna de crédito”.

Este acercamiento es crucial en tanto que los países en vías de desarrollo oscilan en lo que podría ser otro ciclo económico de una línea extendida de altas y bajas, como la exportación de minerales y petróleo. Desde Guatemala hasta la Patagonia, los obispos y personas activas de la iglesia se enfrentan a compañías mineras, haciendo un llamado por el uso responsable del agua, el uso de salvaguardas para el medio ambiente y beneficios para las comunidades locales.

En la prisa de aprovechar el alto precio de metales, los gobiernos optan a favor de “industrias de extracción que destruyen el medio ambiente,(diciendo) después nos haremos cargo de proteger el medio ambiente”, dijo el padre Henriot. “Los medioambientalistas no se oponen al desa-rrollo. Quieren un buen desa-rrollo mediante el cual se atienda (las necesidades) de la gente y de la Madre tierra. Los pueblos podrán desarrollarse solamente en armonía con la creación y atendiendo al cuidado y uso que de ella nos han sido asignados”.

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photo: Activistas de derechos humanos sostienen una vigilia de cirios el 28 de septiembre en Hong Kong, en contra del castigo militar violento en Yangon, Myanmar.Activistas Guardan Vigilia En Hong Kong

Activistas de derechos humanos sostienen una vigilia de cirios el 28 de septiembre en Hong Kong, en contra del castigo militar violento en Yangon, Myanmar. Miles de personas que llevaban colores rojos como símbolo de la sangre derramada en Myanmar organizaron manifestaciones de protesta en Asia, el 28 de septiembre; y hubo choques con la policía en Australia, mientras los manifestantes gritaban “fuera asesinos” en Malasia, en tanto que la indignación aumentaba por el castigo militar violento de Myanmar. (Foto CNS/Bobby Yip, Reuters) (28 septiembre 2007)

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